- Artillería costera.

PALMA DE MALLORCA

En los años posteriores a la Guerra Civil, y debido a a conflagración que estaba teniendo lugar en Europa, se decidió organizar una base naval en Palma de Mallorca, para lo que era menester proteger las instalaciones de la acción de las escuadras enemigas. A este objeto se revitalizaron los sistemas artilleros y se emplazaron piezas de gran calibre para evitar que el puerto y el fondeadero fueran objeto de un bombardeo naval a gran distancia. Las instalaciones antiguas ya existentes fueron reactivadas y se les dotó de material no muy moderno pero efectivo, y se construyeron nuevas baterías. Se mantuvieron las de Illetas, San Carlos, Torre d’en Pau, Can Pastilla, Enderrocat, Alfonso XIII y cala Regana, con material Munáiz-Argüelles de 150/45 mm o González-Rueda de 150/50 mm, a la par que obuses Ordóñez de 240/16 mm, modelo 1916 (1). Su objetivo era cruzar sus fuegos para preservar la bahía de Palma de un asalto directo, al tiempo que colaboraban con otras baterías más modernas y potentes. Estas últimas, de calibre 305/50 mm, se instalaron a ambos lados de la boca de la bahía, en las zonas de Llucmajor y Andratx. Por su alcance, podían proteger buena parte de la isla y, con la artillería secundaria y obuses, mantener dentro de su radiode tiro muchas de las calas cercanas desde las que un asalto anfibio pudiera amenazar Palma de Mallorca. El despliegue era:

  • Una batería de tres piezas Vickers de 305/50 mm en montaje sencillo,en Rafeubetx.
  • Una batería con cuatro piezas Munáiz-Argüelles de 150/45 mm en cala Figuera, Rafeubetx.
  • Una batería con tres piezas Vickers de 305/50 mm en montaje sencillo en cabo Blanco (estaba prevista una cuarta pieza, pero nunca se ins-taló).
  • Una batería con cuatro piezas Munáiz-Argüelles de 150/45 mm enpunta Carril.
  • Una batería con cuatro piezas Vickers de 152/50 mm en cala Llobera.
  • Dos baterías, una con ocho obuses Ordóñez de 240/16 mm en Reganay otra con cuatro piezas del mismo calibre en Rafeubetx.

En el sector de Pollensa-Alcudia había emplazamientos para baterías de costa en Covas Blancas, Aigua Dolça, Fortaleza y cabo Gros, con material antiguo (posiblemente estaba previsto artillarlo con piezas modernas dada la idoneidad de un desembarco anfibio en la bahía de Alcudia), y en el sector oriental de la isla existían las de S’Horta, Na Penyal y cabo Salinas, con mate-rial obsoleto, pero en algunos casos todavía en servicio.

ESTRECHO Y CAMPO DE GIBRALTAR

El Estrecho ha constituido desde siempre el punto focal de nuestra estrategia naval; la posibilidad de controlarlo y de influir en el tráfico marítimo que por él circula o impedir que transiten escuadras hostiles ha sido siempre el sueño dorado de nuestros gobernantes y almirantes. Desde muy antiguo se basaron fuerzas navales en sus orillas (Gades, Tánger, Ceuta o Algeciras-Gibraltar) —única forma de lograrlo en los siglos precedentes—, hasta la aparición de la artillería moderna, que permitía cerrar con sus fuegos este importantísimo paso para las comunicaciones marítimas. Para lograrlo, aparte de la posición geográfica, era menester disponer de los medios materiales adecuados —navales, terrestres y, modernamente, aéreos — y, sobre todo, de voluntad política para llevarlo a cabo. Con la construcción de los grandes cañones de finales del siglo XIX y principios del XX, España, muy mermada de poder internacional, no se planteó seriamente su cierre, en parte para no incomodar a los británicos —que no toleraban competencias a su base gibraltareña, con la que capitalizaban en su favor nuestra envidiable posición geográfica, salvo el buen artillado de lugares muy puntuales como Tarifa o Ceuta—, y en parte porque, sencillamente, no podía, y no era cuestión de enemistarse con otras potencias europeas por tal motivo. Posteriormente, a principios de la Segunda Guerra Mundial, con la posibilidad o probabilidad de enfrentarnos a los aliados, se fortificaron poderosamente sus orillas, sobre todo la norte, llegando a tener instaladas no menos de 23 baterías de varios calibres entre ambas riberas, además de cientos de posiciones defensivas para unidades de Infantería y Artillería de campaña, para evitar el envolvimiento terrestre de la ona de La Línea-Gibraltar desde Tarifa o Marbella (todavía pueden verse multitud de casamatas para ametralladoras, piezas contra carro y unidades de fusiles en nuestras playas y en el valle que lleva al Santuario de Nuestra Señora de la Luz, cerca de Tarifa).Del artillado, hay que destacar las seis piezas Vickers de 305/50 mm procedentes del primer acorazado España, agrupadas en baterías de montajes dobles al este de Tarifa (en el cerro de Vigía y en Guadalquitón, Borondo), con sectores de tiro hacia el Estrecho. Posteriormente, en 1940, se desmontaron la batería de 381/45 mm de Campelo Alto, en Ferrol, y la de Favàritx, en Menorca, para construir una de tres piezas en el Estrecho, en Paloma Alta, en montajes sencillos (6) (por su alcance tenían a tiro el Peñón y proximidades de Ceuta, aparte de incluir en su arco de tiro casi todo el Estrecho), y baterías secundarias de cuatro piezas Vickers de 152/50 mm en la isla de Tarifa, Paloma Baja y punta Camarinal. Como dato curioso, decir que los británicos tenían instalada en punta Europa una batería de costa de 381/45 mm, idéntica a las españolas, y que siguió emplazada allí hasta el año 1967 por lomenos (7) (tenía dentro de su alcance las de Paloma Alta, cerro de Vigía, Guadalquitón y las de Ceuta).Además de estas, existían otras modernas de 152/50 mm procedentes delas construidas en Reinosa y de las navales Vickers-La Carraca modelo 1923,que montaban los cruceros Navarra, Méndez Núñez y Blas de Lezo y cruceros auxiliares Mar Negro y Mar Cantábrico(8) en montajes dobles o sencillos. Con cuatro piezas de ese material se artillaron en la zona de Tarifa-Algeciras las baterías de Acebuche, punta Chamorro, Cascabel, isla de Tarifa —a demás de las de Paloma Baja y punta Camarinal ya citadas— y punta Mala, esta última con dos montajes navales dobles de ese calibre. Quedan por citar en el Estrecho las baterías que se ubicaban en la orilla sur, en Ceuta y Melilla:

— En Ceuta: una docena de baterías en varios emplazamientos, con artillería moderna y antigua, entre las cuales las más importantes eran lasde punta Almina (cuatro piezas Vickers de 152/50 mm), el Pintor(tres piezas Ordóñez de 150/32), el Obispo (cuatro obuses Ordóñezde 240/16), cerro Mosquero (tres piezas Vickers de 102/50), puntaBlanca (tres piezas Vickers de 152/50), punta Leona (tres piezas Krupp de 305/35, modelo 1887, antiguas), punta Cires (dos cañones Krupp de 240/35, antiguos) y Escuelas Prácticas (cuatro piezas Munáiz-Argüelles de 150/45), baterías de Tala, Rimel, punta Altares (Vickers de 152/50), Las Cuevas y El Molino, con cuatro piezas Munáiz-Argüelles de 150/45.

— En Melilla: dos baterías en Moyano (tres piezas Vickers de 152/50 mm)y Santa Bárbara (cuatro piezas Munáiz-Argüelles de 150/45).

BASE NAVAL DE CÁDIZ

Cádiz fue ambicionada durante siglos por Gran Bretaña, donde pretendía montar una base con prioridad sobre la del Peñón, por tener la misma posición estratégica que este respecto al Estrecho, disponer de más espacio en tierra y estar más próxima a las rutas marítimas que procedentes de África se dirigían a Europa por las proximidades del cabo San Vicente. Aunque la arrasó en1596, fracasó en su intento de tomarla en 1625, 1702 y 1704, y la flota de invasión se dirigió este mismo año al objetivo alternativo del Peñón; pero enla guerra contra Napoleón, en el período 1810 a 1812, cuando el sitio de Cádiz, consideró secretamente la posibilidad de quedarse con ella o arrendarla a España. Era, pues, prudente artillarla bien, además de que en su bahía se ubicaba la Base Naval con su Arsenal en La Carraca, en el fondo del saco de la bahía, rodeada de marismas, para dificultar su ataque por mar y tierra. Además, en Cádiz, puerto comercial importante, existían astilleros navales y bastante industria auxiliar. Se emplazó una batería con tres piezas sencillas Vickers de 305/50 mm. procedentes del acorazado Jaime I, en Camposoto, San Fernando, para la defensa de la bahía y de la Base Naval. Aparte de esa batería había otras tresVickers de 152/50 mm en Camposoto —en una cota inferior a la de grueso calibre—, Castillo de San Sebastián en Cádiz y punta Candor en Rota. También una Munáiz-Argüelles de 150/45 mm en la batería de Balanzat, en Cádiz, junto a la Cortadura de San Fernando, todavía en servicio en la década de 1940.Se planearon más emplazamientos en Rota y Chipiona (baterías de Regla yMontijo) y se realizó algún trabajo preparatorio, pero no llegó a instalarse ninguna pieza.

BASE NAVAL DE LAS PALMAS Y ESTACIÓN NAVAL DE TENERIFE

Las Canarias, en excelente posición para controlar el tráfico marítimo con África y el de ida a América, siempre fueron un bocado apetecible para las grandes potencias: Inglaterra, durante siglos, realizó varios intentos para apoderarse de ellas, con predilección por Tenerife, pero no lo consiguió. Modernamente, empezaron a artillarse en 1895, pero apenas se mejoraron ante las graves crisis mundiales de 1914-1918 y 1939-1945. Gran Canaria y Tenerife quedaron fuera del Plan de 1926 de defensa de costas, así que a medida que empeoraba la situación internacional y con la declaración de no beligerancia de España en los años iniciales de la Segunda Guerra Mundial—y el consiguiente riesgo de entrar en guerra— fueron aumentando las defensas poco a poco para reducir la vulnerabilidad de ambas islas, desatendidas desde casi siempre. Eran uno de los principales objetivos de represalia de los aliados en caso de guerra. De hecho, en 1940 y 1941 los británicos planearon desembarcar un cuerpo de unos 24.000 hombres en Las Palmas—necesitaban el puerto de La Luz y el aeródromo de Gando para sustituir Gibraltar, en caso de que se perdiera— y tomar después Tenerife y el resto de las islas. Les resultaban necesarias para el control del tráfico marítimo del Atlántico, aunque lo solventaron con las Azores mediante un acuerdo con Portugal. En 1942 había en Gran Canaria no menos de 15 baterías de costa de diversos calibres y modelos, instaladas desde 1895 a 1920 y orientadas para la defensa hacia el levante de la isla, con material de poco alcance (Krupp, Ordó-ñez, Ansaldo, Munáiz-Argüelles, Vickers, etc.) y de dudosa eficacia contra acorazados y cruceros, que las superaban sobradamente en alcance. Todas, menos dos, eran anticuadas en los años 1940. Posteriormente se añadieron dos baterías alemanas, tampoco muy modernas, que no eran comparables a las piezas Vickers ya instaladas. Las más efectivas por esos años eran:

— Una batería de cuatro piezas Vickers de 152/50 mm en El Vigía, en el puerto de La Luz y otra antiaérea de 105/45 en el mismo lugar.

— Una batería de dos piezas Vickers de 152/50 mm en la zona del aeródromo de Gando.

— Una batería de tres piezas Krupp de 170/40 en Melenara, instala-da con ayuda alemana en 1941-1942.

— Una batería de tres piezas Krupp de 150/45 (12) en Mesas de SanJuan, montada con ayuda alemana en 1941-1942.

En Tenerife existían 16 baterías de costa de diversos calibres, modelos y antigüedad semejantes a la de Las Palmas —la mayoría vetustas e inoperativas—, de las que las más modernas eran las de San Andrés y Los Moriscos, a las que se agregaron otras dos de la ayuda alemana en punta Vista y Las Tiñosas en 1942, según el siguiente despliegue:

— Una batería de tres piezas Vickers de 152/50 mm en San Andrés, que cubría el puerto.

— Una batería de tres piezas Vickers de 152/50 mm en Los Moriscos, que cruzaba el fuego con la anterior cubriendo el puerto.

— Una batería de tres piezas Krupp de 170/40 mm, montaje naval modelo 1909 y casi descalibrada, procedente de la ayuda alemana en 1941-1942, en punta Vista.

— Una batería de tres piezas Krupp de 150/45 mm, montaje naval modelo1910, procedente de la ayuda alemana en 1941-1942, en Las Tiñosas.

Finalmente, en 1943 se planificó una extraordinaria defensa de artillería de costa en Tenerife, que comprendía una batería primaria con tres piezas Vickers de 381/45 mm, otra intermedia con dos de 203/50, una secundaria con cuatro piezas Vickers de 152/50, dos baterías con ocho piezas antitorpederas de102/45 y una treintena de piezas de artillería antiaérea de 105/45 y 88/56 mm agrupadas en varias baterías a lo largo de la costa. El plan nunca se llevó a cabo, pero demuestra el interés que despertaron en el Alto Mando las carencias defensivas del archipiélago, de tanta importancia estratégica, y su deseo de remediarlas. En cualquier caso, en Canarias —ante la alarma cierta de una invasión aliada— había no menos de dos divisiones reforzadas de Infantería, una por cada provincia, y se hicieron planes para complementar la artillería de costa con la de campaña, caso de desembarco aliado. Para la defensa de las restantes islas se pensaba emplazar alguna batería de costa más, pero eso es algo que nunca tuvo lugar (15). Los trabajos para la construcción de todas esas baterías de grueso calibre en lugares tan aislados y de difícil acceso fueron —en la década de 1930—,de gran complejidad técnica, un auténtico desafío que dio prestigio a los artilleros y a los ingenieros militares del Ejército. Piénsese en lo complicado que era desplazar cañones que pesaban —caña y cierre— 88 t, en terreno quebrado, sin caminos, salvo sendas oparaeatas de mulas y que había que construir para transportar todo el bagaje hasta la posición elegida. Algunos los movieron sobre vías férreas que se montaban antes de pasar la pieza y se desmontaban inmediatamente después; para otros se emplearon locomóviles —tractores a vapor, parecidos a las anti-guas apisonadoras de las carreteras— que, en el caso de Cartagena, dado lo difícil del terreno, hubieron de ser reforzados tirando con ¡mulas!.

PUERTOS Y BAHÍAS ESTRATÉGICAS EN LA PENÍNSULA Y ARCHIPIÉLAGOS

El segundo punto a tratar es el de la cobertura artillera de los principales puertos españoles, bahía de Rosas y bahías y ensenadas de las islas Canarias y Baleares, además de las rías gallegas y del Cantábrico. En el sentido de las agujas del reloj, empezando por la costa francesa, desde Portbou, podemos citar:— El golfo de Rosas, y en particular su bahía interior en el extremo norte, fue ya desde muy antiguo un fondeadero protegido de la mar y de los vientos, de importancia estratégica por su proximidad a la ruta que cruza los Pirineos por la costa mediterránea, como muestran la llamada Ciudadela de Rosas, mandada construir por Carlos I en 1552;el castillo de La Trinidad y la formidable fortaleza de San Fernando, en Figueras, levantada en la segunda mitad del siglo XVIII y con el cometido de interceptar las comunicaciones costeras con Francia por los Pirineos orientales. Era su proximidad a la ruta costera y a los pasos bajos de la cordillera lo que daba valor estratégico a esas plazas y, consiguientemente, al fondeadero de la bahía de Rosas, que fue utilizado históricamente como base naval de operaciones. Por ello, para preservar la villa y la larga playa de un asalto anfibio, posibilidad siempre presente, se construyeron modernamente dos baterías de cuatro piezas Vickers de 152/45 mm cada una, en montajes sencillos, en las dos puntas que delimitan la boca del golfo, Falconera (Rosas) y Milá (La Escala), y otras dos con piezas García Lomas de100/54 mm en el faro de Rosas y en La Clota (La Escala), instalándose una tercera también de 100/54 en punta Sarnella (puerto de la Selva).En total cinco baterías que conformaban el 2.º Grupo del 7.º Regimiento de Artillería de Costa.— Barcelona: cinco baterías con cobertura del puerto y accesos por tierra ala ciudad, una en Mongat, con cuatro piezas Krupp de 150/45 mm (18),dos más en el castillo de Montjuic, una con cuatro Vickers de 152/50,otra con piezas Ordóñez de 150/34 —aparte de la antigua batería OHS de 305 mm existentes en los flancos de la montaña de Montjuic, a la entrada del castillo— y la quinta, también con cuatro piezas Vickers de152/50 mm, en Badalona. Estas cinco baterías conformaban el 1.erGrupo del 7.º Regimiento de Artillería de Costa.

— Valencia: dos baterías en Sagunto —Sagunto Norte y Sagunto Sur—con piezas obsoletas.

Durante la Guerra Civil, no obstante, se planificó instalar baterías de 305/50 mm en la Malvarrosa y Saler, sin que se llevara a efecto.

— Almería: batería con cuatro piezas Vickers de 152/50 mm, procedentes de sendas de ese calibre ubicadas en Cartagena, a razón de un cañón por batería. Al finalizar la Guerra Mundial las piezas retornaron a sus lugares de origen.

— Málaga: una batería con tres piezas González-Rueda de 150/50 mm emplazada en Torremolinos y otra en Almellones con dos piezas Krupp de 150 mm «negrillos».

— Huelva: batería de El Picacho, con material antiguo Krupp de 150 mm; la del Polígono de Experiencias, con cuatro piezas de 152/50 Vickers,y batería del Faro, con piezas antiguas, que defendía la entrada a la ría por la barra.

— Rías Bajas: seis baterías, con material variable, emplazadas en las bocas de las rías y en la ensenada de Bayona:  

  • Vigo-Bayona: baterías en punta Silleiro (cuatro piezas Vickers de152/50 mm), Monte-Ferro (tres Munáiz-Argüelles de 150/45) y La Guía, en el mismo Vigo.
  • Pontevedra: batería de Udra, en Bueu (tres piezas Munáiz-Argüellesde 150/45 mm), y punta Fagilda (tres Vickers de 102).
  • Arosa: batería de O’Grove, en San Vicente (cuatro piezas Vickers de152/50 mm). También se disponía de material antiaéreo móvilRheinmetall de 88/56 mm, con el que se reforzaban y desplegaban las baterías anteriores ante una amenaza aérea, normalmente en los terrenos de las de Silleiro, Udra y O’Grove.

— Gijón: batería de La Providencia, con dos piezas Vickers de 152/50 yotras más antiguas, que fueron desmontadas al terminar la GuerraCivil.

— Santander: batería de cabo Mayor, con tres piezas Vickers de 102 mm.

— Cabo Villano (Vizcaya): batería de Górliz, artillada con tres piezasVickers de 152/50 mm.

— Bilbao: baterías en punta Lucero (cuatro piezas Krupp de 150 mm, antiguas), punta Galea (cuatro piezas Krupp de 150, antiguas, y tres Vickers de 152/50, instaladas por los republicanos y destruidas por los gudaris antes de rendir Bilbao) y Ciérvana, con tres piezas Vickers de102 mm, sustituidas posiblemente por otras tantas de 152/50 a principios de la década de 1940.

— Irún y San Sebastián: varias baterías obsoletas.

Realmente, el esfuerzo para proteger en serio nuestras costas en la década de los años 1930 y 1940 fue importante y merece toda nuestra consideración y admiración, pese a los problemas económicos, a la Guerra Civil y a la dura postguerra. España, en esa coyuntura, se tomó muy en serio su existencia y se obró en consecuencia. Esta recopilación no es en absoluto exhaustiva y con toda seguridad habrá quedado en el tintero más de un emplazamiento artillero en ciudades o en sectores de costa que no se han mencionado (a fin de cuentas, cuando arreciaba algún peligro se utilizaba el material existente en los parques —o se desmontaba alguna pieza de baterías en servicio— y se asentaban donde hiciera falta, en lugares ya estudiados y preparados o desartillados), pero que no merecen demasiada consideración por lo anticuado de sus materiales. En realidad, se ha prestado atención fundamentalmente a los emplazamientos con material Vickers de 381/45 mm, 305/50, 152/50 y Munáiz-Argüelles de150/45 mm, además de las Krupp alemanas de 170/40 y 150/45 mm y piezas antiaéreas Vickers de 105/45 mm, e incluso los obuses Ordóñez de 240/16,que coexistieron con cañones y obuses de variadas marcas, modelos y calibres de otras épocas, obsoletos y dados ya de baja, pero que debido a la Guerra Civil y a la Mundial se reactivaron y permanecieron todavía largo tiempo en servicio. Algunos regimientos de Artillería de Costa disponían también de baterías antiaéreas móviles Rheinmetall de 88/56 mm, de procedencia alemana, con buen alcance y precisión, que podían emplearse igualmente para el tiro naval. Actualmente lo único que resta en activo de la artillería de costa española está en el Estrecho: un regimiento de Artillería de Costa, con piezas móviles San Carlos de 155/50 mm, con base en Camposoto (en realidad, un grupo de18 piezas a tres baterías de fuego), con buenos alcances —de hasta 41.000 metros—, tanto con proyectiles balísticos clásicos como con otros con alcance extendido (base bleed), con interesantes posibilidades y que mantiene y transmite la experiencia secular de la Artillería de Costa española.

 

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